lunes, 17 de octubre de 2011

Un wachiturro en la guardia

Ayer me toco compartir un día completo con los profesionales de la salud. Llegamos a las tres de la mañana a la guardia y mientras esperábamos por el parte medico fui testigo de numerosos casos al mejor estilo E24, entre ellos el apuñalado, el accidentado con politraumatismo, el intoxicado, etc… Pero hubo algo que me dejo pensando en una charla sociológica que me toco presenciar y que al día de hoy sigo tendiendo presente, miraba todas esas personas y seguía preguntándome ¿por qué llegamos a esto?
En el Box Nº 1 un joven de unos 20 años se quejaba de dolor, daba vueltas en la camilla y lloraba, no tenia a nadie que lo acompañara estaba solo en su box. Luego de una hora de llantos y quejidos llego su hermano, éste le decía que se calme que el iba a buscar al medico para ver que hacer, pero justo era la peor hora de la guardia dos médicos y los dos en las ambulancias solo estaban las enfermeras, asíque este muchacho tendría que esperar a que vuelva alguno de los dos. Cuando finalmente llego el medico, que ya lo había visto, le volvió a preguntar si había consumido algún tipo de droga pero el muchacho seguía diciendo que no, luego de varias preguntas su hermano le dice al medico “nooo amigo, no tomo nada raro, solo se tomo un rivotril con Frizze” obviamente las caras de todos los que estaban en la guardia fue de asombro, bronca y gracia entre otras, yo por lo menos pase por esas tres.
Si efectivamente para este pibe tomar un rivotril con alcohol es normal y gracioso, quiere decir que culturalmente (entre otras cosas) estamos muy mal, estamos cosechando el producto de años de desinterés social y moral, donde se perdió el amor por uno mismo, donde pasarla bien se transformo en ver hasta donde nuestro cuerpo aguanta. Ojala las próximas generaciones puedan revertir esto, por lo menos generar la pregunta del porqué.

domingo, 21 de agosto de 2011

Una simple idea

El reloj volvió a correr y el temblor se detuvo mientras el auto retomaba la marcha por esa oscura calle, como si nada hubiese pasado ninguno de sus ocupantes se percato del cambio. Nos movíamos arriba de una coupe chevy modelo 70 color negro, con un musculoso motor bajo el capot pero con algunos detalles de pintura. Llegamos a la plaza y Carlos me dijo que me prepara para lo que estábamos por. Luego de que sus labios terminaran de pronunciar esas palabras los colores se tornaron en escalas de grises, los colores desaparecieron y la noche se volvió día. La plaza esta llena de gente que corría en todas direcciones, la policía montada reprimía con palos y patadas, mientras que oficiales vestidos de civil arrastraban a la gente de los pelos. La gente se renovaba sobre la plaza pues las calles aledañas los trasladaban como los brazos de un enorme río aumentando su caudal minuto a minuto. Carlos me tomo de la mano y comenzamos a caminar alrededor de la plaza, cuando levante mi viste me di cuenta de que mi estatura había disminuido y mi ropa había cambiado, era claramente un niño de 10 años. Continuamos caminando y las escenas de sangre y lágrima pasaban una tras otra como diapositivas, hombres y mujeres peleando y gritando, bombas, palos y fuego. Estaba siendo testigo de un hecho histórico, era el 20 de Diciembre del año 2001, por ese entonces corría una crisis financiera generada por la restricción a la extracción de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorro denominada Corralito, que causaron la renuncia a la presidencia de Fernando de la Rúa, y llevaron a una situación de acefalía presidencial. La mayor parte de los participantes de dichas protestas fueron autoconvocados, que no respondían a partidos políticos o movimientos sociales concretos. Su lema popular fue: "¡Qué se vayan todos!". En los hechos murieron 39 personas por las fuerzas policiales y de seguridad, incluyendo 9 menores de 18 años. Continuamos caminando y retomamos por Avenida de Mayo a pocas cuadras estaba el auto, los colores volvieron a la normalidad, el día se volvió noche y mi cuerpo retomo su forma normal.